Voracidad Fiscal del Trabajo

¡Vaya concepto! ¡Voracidad Fiscal! Lo vi por primera vez leyendo algunos libros sobre inversiones, ahorro, jubilación y esos temas tan “aburridos” pero que nos afectan a todos. Fue también la primera vez que me di cuenta del efecto de los impuestos y demás cargas del Estado sobre la remuneración de nuestro trabajo y sobre nuestras decisiones de ahorro de cara al futuro. A nosotros, como individuos, en estos temas nos corresponde la responsabilidad de pensar más allá de los cuatro años de una legislatura, que es el plazo máximo de planificación para un político (en el mejor de los casos).

Una de mis frases preferidas es: “los datos se comprueban, no se discuten”. Así que voy a presentaros algunos datos sobre las cargas del Estado sobre nuestra fuerza de Trabajo. Para ello voy a tomar un trabajador tipo, a quien llamaré “Paco”. Partiré de una serie de hipótesis que son:

    • Paco es un trabajador por cuenta ajena, es decir, no es un Trabajador Autónomo
    • Trabaja para una Empresa X que tiene un Cliente Y, ambos del Sector Privado, es decir, Paco no trabaja para un cliente público
    • Cuando se habla del Estado, se trata de la Administración que paga Paco, en sus 5 niveles: Administración Local, Diputaciones, Autonomías, Administración Central y Administración Europea
    • La retribución de Paco es en “A”, es decir, todos sus ingresos son en nómina. En resumen, no cobra ninguna cantidad en “B” y no colabora con el fraude en IRPF
    • La retribución de Paco se realiza de acuerdo con las normas de la Seguridad Social, es decir, sus ingresos corresponden a su salario bruto definido en contrato. En resumen, no cobra parte de su salario como dietas ficticias o como kilómetros ficticios, que podrían evitar el pago de Seguridad Social de manera fraudulenta.
    • En el lado de los pagos, Paco paga todos sus gastos con IVA, es decir, ni pide ni acepta pagar “facturas sin IVA”, luego no colabora con el fraude del IVA
    • No se tendrán en cuenta deducciones por compra de vivienda, planes de pensiones (o productos similares), luego tampoco se tendrá en cuenta en el lado de los gastos el pago de hipoteca o aportaciones a planes de pensiones o productos similares
    • Las cargas de Seguridad Social en España se encuentran entre el 31,5 y el 35%; tomaré como cifra media un 33%
    • Paco tiene dos hijos y una edad de 35 años
    • Para el cálculo de IRPF y SS consideraré las tablas del año 2017
    • Consideraré 12 pagas, correspondientes a 12 meses
    • El 10% de sus compras corresponden a un IVA del 4%, el 20% a un IVA del 10% y el 70% restante a un IVA del 21%

Con estas hipótesis, continuamos con los cálculos. Vamos a imaginar que Paco es un Técnico Cualificado sujeto a las condiciones del antiguo Convenio del Comercio del Metal y que se encuentra en situación de búsqueda de trabajo. La empresa X ha conseguido un contrato de obra o de servicio con un Cliente Y (evidentemente tras una negociación competitivamente perfecta) y puede asumir un coste por la creación de un puesto de trabajo de 15.890 euros anuales. Tras entrevistar a varias personas, decide contratar a Paco.

A esos 15.890 euros correspondientes a la creación del puesto de trabajo, hay que restarles las cargas sociales, es decir, el pago que realiza la Empresa X al Estado por contratar a Paco. Aquí aparece por primera vez EL SOCIO, es decir, el ESTADO. Lo que queda tras pagar las cargas sociales es lo que se denomina Salario Bruto. Teniendo en cuenta el 33% comentado anteriormente, el Salario Bruto que le queda a Paco es de 12.000 euros anuales.

Puesto de Trabajo de Paco            15.890 euros

Estado                                              3.960 euros

Salario Bruto de Paco                     12.000 euros

 

Paco, como cobra en A, debe pagar el IRPF correspondiente a su Salario Bruto y a su situación personal, con 2 hijos. Este nuevo pago al Estado es de 194 euros anuales. A la cantidad que queda le llamaré “Lo que le queda a Paco”, con el acrónimo: LQLQ Paco

Salario Bruto de Paco                        12.000 euros

Estado                                                     194 euros

LQLQ1 Paco                                         11.806 euros

 

Ahora hay que tener en cuenta el siguiente pago al Estado, que es la parte de cargas sociales que paga el trabajador de su Salario Bruto, 762 euros. Seguimos adelante con los cálculos:

LQLQ1 Paco                                        11.806 euros

Estado                                                    762 euros

LQLQ2 Paco                                       11.046 euros

 

Esta última cifra es lo que se conoce como Salario Neto anual, es decir, lo que realmente recibe Paco en su cuenta mediante transferencia, porque hemos dicho que cobra en A. Esto supone un salario neto mensual en 12 pagas de 920 euros.

Con las hipótesis de IVA consideradas y dando por hecho que gasta todo lo que ingresa, lo que el Estado se lleva, en este caso por IVA es 1.889 euros anuales.

LQLQ2 Paco                                       11.046 euros

Estado                                                 1.889 euros

LQLQ3 Paco                                         9.157 euros

 

Es decir, los 9.157 euros, que – teniendo en cuenta el efecto de los decimales- realmente son 9.155 euros anuales (763 euros mensuales), es lo que le queda a Paco realmente para la compra de bienes y servicios, una vez descontados todos los impuestos y cargas sociales del Estado.

Para hacer un cálculo más ajustado, habría que restar también más impuestos del Estado, como el correspondiente a la Administración Local, el IBI. Paco no paga hipoteca, pero sí paga el Impuesto de Bienes Inmuebles. Vive en Madrid, y según la información disponible del año 2015, el IBI medio en la ciudad de Madrid fue de 97,36 euros. Redondeando, 97 euros. En esta ciudad, la Tasa de Basuras está bonificada al 100%, si no, también habría que tenerlo en cuenta en el pago de impuestos y tasas.

Entonces, a Paco le quedan 9.058 euros anuales (755 euros mensuales)

Paco no tiene coche. Si lo tuviera, debería pagar el Impuesto anual correspondiente a la Administración Local. Y además parte de su gasto, que lo hemos considerado con unos impuestos del 21% debería considerarse con unos impuestos próximos al 60% (Impuesto de Hidrocarburos y demás tasas ligadas a los combustibles). Es decir, Paco no paga Impuesto de Circulación ni Impuestos sobre combustibles.

 

Haciendo un resumen de lo visto hasta ahora, de lo que paga la Empresa X por Paco, éste y el Estado se lo reparten de la siguiente manera:

Estado                                                   6.902 euros

Paco                                                       9.058 euros

TOTAL                                                  15.960 euros

 

Esto supone que, del puesto de trabajo generado por la Empresa X y el Cliente Y, el Estado recibe un 43% y Paco un 57%, luego la carga impositiva es ese 43%.

Ahora vamos a imaginar que Paco consigue mejorar en su vida laboral y negociar un Salario Bruto de 18.000 euros anuales. El resultado, que veremos a continuación, es una carga impositiva del 47%.

Imaginemos ahora que Paco, con mucho esfuerzo y dedicación, mejora su formación y puede optar a puestos mejor remunerados. Acompañado también por la Diosa Fortuna, lo consigue y negocia un Salario Bruto de 30.000 euros anuales. El Estado, ese SOCIO que todos tenemos en nuestro trabajo, va percibiendo cada vez más, por dos razones: la primera, si el porcentaje fuera el mismo, a mayor cantidad absoluta, mejor, luego como el salario sube, su parte sube; pero por otro lado, como el IRPF es progresivo, cuanto más gana Paco, más porcentaje se lleva el Estado también en cantidad relativa. Luego el Estado se lleva más porque el salario sube y también porque el porcentaje sobre el salario sube. Los resultados son los siguientes, obteniendo una carga impositiva del 51%, es decir, a partir de unos 30.000 euros brutos, el Estado percibe más que Paco:

El límite máximo para las cargas sociales en 2017 se ha establecido para el correspondiente a un salario bruto de 45.000 euros anuales. A partir de ese salario, las cargas sociales se mantienen fijas. Vamos a imaginar este caso para Paco. Los resultados son los siguientes, obteniendo una carga impositiva del 54%:

Ampliando los cálculos a más casos hasta un salario bruto máximo de 60.000 euros, el resultado es el siguiente:

De una manera gráfica:

En resumen, más o menos la mitad de lo que trabajan los trabajadores por cuenta ajena, es para el Estado. Y la otra mitad, para ellos. Otra forma de verlo es que un trabajador por cuenta ajena sólo puede decidir qué hace con la mitad de lo que gana o trabaja. El Estado decide por él en la otra mitad.

Es difícil considerar esta situación como la propia de un país puramente capitalista dado tal grado de intervención del Estado. Tampoco se puede considerar que estemos en un país comunista puro. Como comentaba en la Introducción de este blog, España se define como un país con una economía social y de mercado, es decir, una vía intermedia entre el capitalismo y el comunismo. A la vista de estos números, así es, si bien la tendencia que se ha vivido en las últimas décadas es hacia una mayor intervención del Estado en la economía particular de los ciudadanos, sin duda, especialmente desde mediados de los años 70.

No es objeto de este blog realizar un juicio de valor, sólo reflejar la realidad de los números y arrojar algo de luz sobre conceptos financieros y sobre decisiones de inversión.

En ese sentido, ya habrá quien juzgue si es lógico o no un cierto nivel de exigencia por parte de los ciudadanos con los servicios que se reciben a cambio. O si es lógico o no exigir un cierto grado de eficiencia de esos recursos. Al fin y al cabo, cuando en una actividad, sea la que sea, hay dos socios, los dos deben aportar.

Desde hace años nos vienen anunciando los problemas para el sostenimiento del Sistema Público de Pensiones. Porque, en el fondo, esas cargas sociales que los trabajadores en activo pagan cada mes sirven para pagar las pensiones de las personas jubiladas hoy, no para pagar las pensiones futuras de esos trabajadores en activo. De hecho, se nos dice que vayamos ahorrando para complementar nuestra futura pensión pública, que se verá reducida. O bien, se comenta la posibilidad de crear la “mochila austriaca”.

Pero, ¿de dónde puede salir ese ahorro personal para el futuro? En este momento sólo puede salir de la parte disponible del trabajador, luego el trabajador verá reducida su disponibilidad económica salvo que la carga del Estado disminuya vía reducción de la carga fiscal (sería la consecuencia de la reducción del gasto público).

Hay que tener en cuenta que Paco, con un salario medio de 30.000 euros brutos a lo largo de su vida laboral, que podemos prever ya de 40 años para el cobro total de la pensión pública, habrá pagado 40 años x 20.400 euros anuales = 816.000 euros. Pero ese dinero no será suyo, dado que no estará ahorrado en ningún sitio, sino que el Estado lo habrá ido gastando cada año según lo establecido en los Presupuestos Generales. A día de hoy Paco sabe que en determinadas circunstancias tendrá derecho a una pensión pública, pero desconoce cuál será su cuantía, si bien todo indica que será inferior a lo que cobra un pensionista hoy en día.

Volviendo al párrafo inicial, retomando la idea del efecto de la voracidad fiscal en nuestras finanzas personales, es evidente que cuanto más porcentaje recaude el Estado menos cantidad nos quedará a nosotros para nuestras propias decisiones de gasto, ahorro e inversión. Y la tendencia actual es a incrementar los impuestos como se ha ido produciendo las últimas décadas.

Y hasta aquí sólo se ha hablado de la Fiscalidad del Trabajo. Porque también está la Fiscalidad del Ahorro… Vamos a imaginar que Paco, con su coste de 39.900 euros, salario bruto de 30.000 euros y salario neto libre de 19.500, consigue ahorrar 2.000 euros en un año. Decide invertir esos 2.000 euros, que los tiene disponibles después de haber pagado todos los impuestos, tasas y cargas, en un depósito al 3% anual (por ponerlo fácil). Es decir, “gana” 60 euros…. Pues no…. Porque su SOCIO también se lleva una parte de estas ganancias, concretamente un 19 %, es decir, 11,4 euros, por lo que la rentabilidad real para Paco no es del 3%, sino del 2,4% (sin tener en cuenta el efecto inflación).

Es lógico, por tanto, considerar el Impacto Fiscal a la hora de tomar decisiones de inversión (y de desinversión), dado que siempre tendremos a nuestro SOCIO pendiente de su parte.

Y también es lógico considerar el Impacto Fiscal a la hora de decidir qué tipo de relación queremos tener con nuestro empleador, dado que existen alternativas al trabajo por cuenta ajena que pueden optimizar ese impacto.

 

Valor temporal del dinero

Para poder entender el mundo de las finanzas en general y de las inversiones en particular, lo primero es comprender el concepto del valor temporal del dinero.

Existen tres reglas básicas:

  1. Capitales en momentos distintos no son comparables
  2. En el mismo momento “t” tendrá mayor valor aquel capital cuyo importe sea más elevado
  3. Ante dos capitales iguales siempre preferiremos el más cercano

Sobre la primera regla, es evidente que no es lo mismo 1.000 euros ahora que 1.000 euros de hace 10 años. Como consecuencia de la inflación, puedo comprar menos cosas con 1.000 euros de hoy que con 1.000 euros de hace 10 años.

La segunda regla también es de Perogrullo, 1.000 euros son más que 500 euros hoy (y siempre, es decir, en cada momento “t”).

La tercera regla está relacionada con el concepto de riesgo: es más seguro tener en mano 1.000 euros hoy que la promesa de tener 1.000 euros en el futuro.

Yendo a un ejemplo más concreto y familiar, no es lo mismo disponer hoy de 150.000 euros ahorrados para comprar una vivienda mañana que pedir una hipoteca de 150.000 euros para conseguir el mismo fin en el mismo momento. En el primer supuesto se convierte el ahorro en metálico en ahorro en un activo físico -la vivienda-, sin mayor coste financiero (otra cosa son los impuestos). En el segundo supuesto poder disponer del activo físico -la vivienda- ahora supone pagar un precio por el dinero que necesitamos, y a ese precio se le llama interés. Ese precio se lo pagamos a alguien que sí tiene ahorrados esos 150.000 euros. Es el precio que pagamos por el disfrute adelantado de un bien al que realmente no tenemos acceso directo. El que nos lo presta deja de tenerlo y por tanto pide algo a cambio.

Si nos ponemos en el otro lado, en el del ahorrador, si dispongo de 1.000 euros ahorrados hoy puedo invertirlos en un depósito, en un fondo o puedo prestárselos a alguien durante un año, obteniendo por ello un cierto beneficio (el interés). Si no los tengo hoy, no los podré invertir o prestar y no obtendré por tanto el beneficio correspondiente. Si no hago nada con esos 1.000 euros durante ese año es lo que se conoce como coste de oportunidad. Si en vez de 1.000 euros tengo 150.000 euros ahorrados puedo decidir invertirlos o bien prestárselos a alguien para que se compre la vivienda del párrafo anterior. Mi decisión dependerá del coste de oportunidad.

Para cuantificar este coste de oportunidad se recurre a las Leyes de Capitalización y de Descuento. El concepto de Capitalización está relacionado con el interés compuesto o crecimiento anual compuesto. El concepto de Descuento está relacionado con el cálculo del Valor Presente de un capital futuro.

Capitalización: ¿cuánto recibiré dentro de un tiempo por una inversión que realice ahora?

Descuento: ¿cuánto recibiría hoy por un dinero que está previsto que reciba dentro de un tiempo?

En circunstancias normales, es decir, con inflación, se dará la situación que se muestra a continuación:

valor-temporal-01

Según avance el tiempo, un mismo capital inicial Ci será cada vez mayor, siguiendo la regla del interés compuesto (capitalización), llegando a ser Cf. O bien, un capital final Cf tendrá ahora un valor inferior e igual a Ci (descuento).

Si se me permite una pequeña broma, es algo similar a viajar en el tiempo. Igual que existen vehículos para viajar en el espacio ¿cuál es el vehículo financiero con el que podemos viajar en el tiempo? Pues el llamado “factor de capitalización”:

fc = (1+i)^t

Si quiero ir hacia adelante en el tiempo multiplicaré el capital inicial por (1+i)^t

Si quiero ir hacia atrás, dividiré el capital final por (1+i)^t, o lo que es lo mismo, multiplicaré por (1+i)^{-t}

(1+i)^t

vehiculo

(1+i)^{-t}

Nos montaremos en este vehículo en muchas ocasiones, ya veréis.

 

 

Artículo 38: sentando las bases

Antes de empezar, conviene dejar claro el marco en el que nos movemos, que no es otro que el definido por la Constitución Española, que en su artículo 38 define nuestro modelo económico:

Art. 38: “Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad, de acuerdo con las exigencias de la economía general y, en su caso, de la planificación”.

Es decir, nuestro sistema económico es una “economía social de mercado”, también llamado “capitalismo social” o “capitalismo renano”. Se trata de un sistema mixto, que excluye los dos sistemas económicos puros (el orden económico monocéntrico o de economía planificada – por el Estado-; o el orden liberal y capitalista absoluto donde el sistema económico está en manos de los sujetos privados) (más información en https://www.uam.es/personal_pdi/derecho/bbagooria/ADEPiloto/Libertad%20de%20empresa.pdf)

No vivimos en un país puramente capitalista, como algunos pretenden hacernos ver; y tampoco vivimos en un país puramente socialista/comunista, como otros quizá desearían. El consenso constitucional llevó a definir este sistema mixto, más propio de un verdadero Estado de Bienestar y homologable al de nuestros socios de la UE. Economía de mercado sí, pero con límites sociales. Economía social sí, pero favoreciendo la libertad de mercado.

Para entenderlo mejor, podemos recurrir a un ejemplo que me explicó un buen amigo. El sistema capitalista sólo busca tener una tarta lo más grande posible, sin preocuparse de cómo se reparte la tarta, de hecho, aplicando la ley del más fuerte, que será el que se quede con el mayor trozo de tarta. El sistema comunista no se preocupa de hacer crecer la tarta, sino de repartirla de manera igualitaria, sin atender al mérito personal, luego suele pasar que el tamaño total de la tarta va decreciendo y cada vez hay menos tarta para repartir.

En cambio, la economía social de mercado se preocupa por un lado de que la tarta sea cada vez mayor favoreciendo la economía de mercado, pero también de que el reparto sea lo más justo posible, favoreciendo la solidaridad, ya sea por sistemas públicos de pensiones o por la progresividad de los impuestos.

Desde mi punto de vista, tenemos la suerte de vivir en un sistema de estas características y debemos hacer lo posible para hacerlo sostenible, evitando los excesos propios de ambos extremos, el capitalista y el comunista.

Introducción 3/3

Cada generación tiene sus retos, acordes con el escenario que le toca vivir. Nuestros abuelos vivieron el paso de una cierta paz a una guerra terrible y una posguerra que en el fondo duró décadas, siendo recompensados al final de sus días con un Sistema Sanitario y de Pensiones Público solidario y suficientemente dotado.

Nuestros padres, mayoritariamente nacidos ya en esa posguerra, sufrieron sin duda privaciones que fueron desapareciendo, han visto cómo nuestra Economía ha ido mejorando a ojos vista y desde hace unos años empiezan a jubilarse en unas condiciones bastante buenas. Esa generación de nuestros padres ya empezó a vislumbrar los cambios en el mundo del Trabajo, que el compromiso Empresa-Trabajador ya no era “para toda la vida”, especialmente por parte de la primera parte del tándem.

Nosotros, la generación del “Baby Boom” y aledañas, tenemos nuestros propios retos, fruto de la bonanza económica, de las políticas de fomento de la natalidad y de la confianza en el futuro propias de los sesenta; es decir, retos asociados a la Demografía. La Demografía… que nos ha venido genial para tener muchos amigos, muchas opciones vitales, muchos clientes o proveedores, para ayudar a nuestros padres y abuelos a disfrutar de una jubilación digna… y también para tener muchos competidores por los recursos existentes y menguantes, es decir, por el “curro”, por el subsidio de desempleo o por las pensiones públicas futuras, que deberán pagar nuestros hijos y nietos, muchos menos en número. En cuanto a las relaciones Empresa-Trabajador ahora son puramente mercantilistas en su inmensa mayoría, habiéndose generado un crecimiento realmente apreciable del Trabajo Autónomo.

Y las generaciones que vienen, nuestros hijos y nietos, tendrán sus retos también, en parte ya vislumbrados por el compromiso intergeneracional ligado principalmente al efecto demográfico en el Sistema de Pensiones Público.

¿Qué hacer entonces para mantener nuestro bienestar y el de todas las generaciones, precedentes y futuras? Aquí cada uno tendrá una idea, que espero podamos compartir

Bueno, hasta aquí una breve exposición de los motivos que me llevan a compartir mis reflexiones. Espero contar con el conocimiento y disciplina necesarios para continuar aportando ideas que puedan ser útiles.

Introducción 2/3

Por otro lado, ibas a trabajar a una oficina, una fábrica o lo que fuera y a final de mes aparecía un dinero en tu cuenta: “¿Y esto? ¿Qué hago ahora con esto? Si a mí lo que me gusta es la técnica, hacer cosas, ejecutar proyectos…”

Y aquí empieza el dilema: “¿me lo fundo? ¿o lo ahorro?” Quizá los que han recibido una formación financiera de base tienen la respuesta adecuada a esa pregunta a los 22 ó 23 años. Pero humildemente creo que para la mayoría de la gente la respuesta más habitual es “me lo fundo”. Y es que habían sido muchos años de estudio, de aguantar la disciplina familiar, de esperar “la paga”, incluso de endeudarte para estudiar…. Y de repente aparecía un diablillo en tu hombro (no diré si el izquierdo o el derecho para evitar líos) que te decía: “Ahora te toca disfrutar, que te queda mucha vida por delante…” Es cuando empezabas a viajar, te comprabas el coche o la moto (con un crédito, por supuesto), recibías ofertas de todo tipo y condición… Porque ya habías entrado en la rueda del Consumo, ya eras un objeto de deseo para todo aquel que vende algo, y especialmente para los que venden crédito, es decir, para los que venden Tiempo. La Sociedad de Consumo en su totalidad conspirando contra tu Independencia Financiera….

En los momentos de bonanza económica este efecto se producía y se sigue produciendo mucho antes, provocando que la gente abandone prematuramente sus estudios deslumbrados por el efecto del Sr. Don Dinero. Y como el efecto cíclico de la Economía es inexorable la mayoría de esa gente se encuentra con un grave problema años más tarde, problema que sólo puede ser solventado por el ascensor social más potente: la Formación. También existe el Cupón, la Primitiva, etc, pero ese “éxito”, por llamarlo de alguna forma, está mucho más restringido y apostar por él es infinitamente menos seguro.

¿Qué hacer para conseguir el Autocontrol necesario en una sociedad en la que afortunadamente gozamos de libertad individual de elección? Vaya pregunta…

Introducción 1/3

“La fuerza más poderosa del Universo es el Interés Compuesto” Albert Einstein

 

Si bien es cierto que una vez que se analiza el efecto del Interés Compuesto no está tan alejado de la realidad, sobre todo si viene acompañado de sus compañeros de aventuras Tiempo, Ahorro y Disciplina. Todos ellos juntos luchan por ayudarnos a superar las servidumbres generadas por nuestra condición de comunes mortales: Deuda, Curro (por diferenciarlo de Trabajo, más digno) y Ansiedad.

La evolución de la competición entre ambos equipos es lo que determina nuestro grado de Independencia Financiera, si vamos ganando o vamos perdiendo en el partido.

En este blog pretendo reflexionar sobre el mundo financiero desde una óptica personal aportando conocimientos muy básicos, siendo consciente de todas mis limitaciones formativas y profesionales. Evidentemente no todo en la vida es la Independencia Financiera, de hecho, hay otros aspectos mucho más importantes como la Solidaridad, el Amor, la Amistad, la Salud, etc., pero éstos serían objeto de otras webs.

Soy Ingeniero Industrial, es decir, recibí una formación eminentemente técnica que me ayuda a comprender fenómenos físicos como el Calor, el Frío, la Electricidad… y sus aplicaciones a la vida real. Tras los oportunos años de carrera aterrizábamos en el mercado laboral y en la vida real. Y normalmente no estábamos preparados para ninguno de los dos mundos.

Sabíamos explicar el efecto técnico de esos fenómenos físicos, la tecnología aplicada, pero no teníamos ni idea de por qué ciertos proyectos se acometían y otros no, siendo proyectos interesantes desde un punto de vista intelectual o puramente tecnológico.

 

¿Qué es lo que determina que unos proyectos se lleven a cabo y otros no? Confío en que podamos verlo más adelante