Artículo 38: sentando las bases

Antes de empezar, conviene dejar claro el marco en el que nos movemos, que no es otro que el definido por la Constitución Española, que en su artículo 38 define nuestro modelo económico:

Art. 38: “Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad, de acuerdo con las exigencias de la economía general y, en su caso, de la planificación”.

Es decir, nuestro sistema económico es una “economía social de mercado”, también llamado “capitalismo social” o “capitalismo renano”. Se trata de un sistema mixto, que excluye los dos sistemas económicos puros (el orden económico monocéntrico o de economía planificada – por el Estado-; o el orden liberal y capitalista absoluto donde el sistema económico está en manos de los sujetos privados) (más información en https://www.uam.es/personal_pdi/derecho/bbagooria/ADEPiloto/Libertad%20de%20empresa.pdf)

No vivimos en un país puramente capitalista, como algunos pretenden hacernos ver; y tampoco vivimos en un país puramente socialista/comunista, como otros quizá desearían. El consenso constitucional llevó a definir este sistema mixto, más propio de un verdadero Estado de Bienestar y homologable al de nuestros socios de la UE. Economía de mercado sí, pero con límites sociales. Economía social sí, pero favoreciendo la libertad de mercado.

Para entenderlo mejor, podemos recurrir a un ejemplo que me explicó un buen amigo. El sistema capitalista sólo busca tener una tarta lo más grande posible, sin preocuparse de cómo se reparte la tarta, de hecho, aplicando la ley del más fuerte, que será el que se quede con el mayor trozo de tarta. El sistema comunista no se preocupa de hacer crecer la tarta, sino de repartirla de manera igualitaria, sin atender al mérito personal, luego suele pasar que el tamaño total de la tarta va decreciendo y cada vez hay menos tarta para repartir.

En cambio, la economía social de mercado se preocupa por un lado de que la tarta sea cada vez mayor favoreciendo la economía de mercado, pero también de que el reparto sea lo más justo posible, favoreciendo la solidaridad, ya sea por sistemas públicos de pensiones o por la progresividad de los impuestos.

Desde mi punto de vista, tenemos la suerte de vivir en un sistema de estas características y debemos hacer lo posible para hacerlo sostenible, evitando los excesos propios de ambos extremos, el capitalista y el comunista.

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